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PORTAL DE LUNA

Wara Wara

Solíamos ir a plaza Rodrigo con mamá, en noches de luna llena, en noches de luna nueva y noches de mala mar. Solíamos ir a quemar las penas, los errores, dejar que su brillo se lleve los dolores y lágrimas. Luego de la partida de mamá fui muchas veces sola en noches de corazones rotos, noches festivas, noches de nostalgia y recuerdo, sobre todo, noches de luna llena.



La luna, su brillo, siempre nuestro encuentro.



La extrañé mucho, intenté varias veces inventar un lenguaje nuestro para decirle cuanto la he extrañado, para escucharla decir que me ama una vez más. Intenté crear un puente, un espacio para verla, para sentir el roce de sus manos en mis mejillas.



Tratando de entender el brillo de la luna reflejado en el agua sentí sus besos, la encontré escuchándome. Me encontré en nuestro amor. Intenté descifrar lo que tenía alrededor, qué potenciaba el encuentro, qué me permitía sentirla más cerca aún después de su partida. Estudié la lluvia y estuve más cerca al mar, lo observé, sentí su temperatura y su presión, abracé su frío, le transmití mi calor. Leí cada una de sus olas.



Me puse en marcha a imaginar un portal que me ayude a reconocer aquellos días de mayor cercanía, aquella presión necesaria para el encuentro, aquellas brisas que amplifiquen su voz; aquellas nubes que la traerían devuelta a mi lado. Empecé a preguntarme una y otra vez ¿Qué días, qué brisas, qué brillo? ¿Qué noches, qué risas? ¿Qué vientos, cuánto calor, cuánta lluvia?



¿Qué días?

¿Qué brisas?

¿Qué brillo?

Una y otra vez.



Hubo un día en que confirmé que mamá no volvería a tocarme, en él empecé a olvidar su piel, ese fue el impulso para empezar a traducir el sentir. Para diseñar por fin el puente, para crear finalmente, el portal.

Los cálculos latitudinales son extraños, te permiten fijarte espacialmente, pero es difícil fijar las coordenadas de un sollozo, ¿sería capaz de viajar en mente para sentirla? ¿podría encontrar el lugar con más brillo lunar para escucharla? Los cálculos longitudinales me abrazan y saludan, me dan la bienvenida, me dicen que estoy donde debo.

Sentí muchas veces su respuesta, presté atención a esos momentos. Empezaba a crear un modelo con su ayuda, cuándo vernos, qué brillo, qué presión. Se atravesaban en mis cálculos los ciclones, los temporales, las noches de mala mar, las preguntas resonaban otra vez ¿qué días, qué brisas, qué brillo? Recopilé los detalles de las noches que nos habían llevado tantas veces a escapar del litoral y dar un paseo por plaza Rodrigo.

¿Qué días?

¿Qué brisas?

¿Qué brillo?

Me pasé las tardes diseñando un calendario, me pasé las noches cartografiando los recuerdos, cada detalle fue clave para mi modelo. Su mirada me llevó por un laberinto, su abrazo fue siempre la salida, así como también la puerta, y la ventana por la cual entraba el sol, y por la cual se escapaba la nostalgia.



La circularidad me hacía extrañarla menos, el brillo de la luna llena volverá a llegar, pensaba, nuestros corazones estarán más cerca del puente otra vez, el recuerdo estará más potente. La mala mar sabrá sentirme arriba, yo sabré sentirla aquí abajo. El cielo allá arriba se ve tan lejos, pero su amor se siente tan cerca. La meteorología marina dice cosas, grita saberes, abre portales, hace prosperar abrazos. Hizo posible encontrarme con mamá una y otra vez, calendaricé y perfeccioné. La resolución más alta para el encuentro más certero, más cercano, más inequívoco. El modelo mejor trabajado para el abrazo más cálido.

Avanzo, avanzo, y confirmo que no hay un sólo futuro, hay muchos, muchas futuras noches, muchos futuros portales, muchos futuros brillos, infinitos futuros encuentros, todos ellos calculados en mi modelo que usa temperaturas, en el cual entender el comportamiento de anticiclones fue imprescindible, el de los vientos, alimentado por sonrisas, recuerdos, cosquillas.

Imagine mi calendario de aquí a cientos de años, desgastado y borrado usado por marineros, usado por niñas pequeñas que extrañan a sus abuelas, a sus madres, a sus hermanas, que quieren darles la bienvenida y abrazarlas. Lo imagine usado por agricultores, por mujeres del campo, por hombres de mar que necesitan predecir el comportamiento de las olas. Un tiempo de tiempos, un calendario de amor, un modelo personal alimentado por los recuerdos propios, por las mil y un formas en que nuestros seres amados nos han hecho reír.



Me veo cada vez más exacta. Estoy en el momento justo para dar bienvenida a mamá y sentir un nuevo abrazo. Me veo en el tiempo correcto, el portal de luz de luna que he diseñado para volver a sentir el roce de las manos de mi madre en mis mejillas, ha funcionado.