Simbiosis fotosintética
aguasanta
Simbiosis Fotosintética
Llegamos a la Antártida por orden del mayor al mando, el sr. Mitzka. El equipo estaba conformado por un ingeniero genético, un botánico, un médico militar y un general experto en combate y manejo de armas. Vinimos a estudiar el comportamiento de una nueva población de osos polares que después desapareció sin razón aparente. No morían, y si lo hacían, no había un rastro que confirmara lo decesos. Llegamos hace más de cinco meses, hoy es el día 166 de la expedición, con vida, el botánico y yo, el general experto.
Nos llevó un tiempo encontrar un ejemplar de oso, pero lo hicimos. En el proceso murió Sergey, el genetista ruso. Iván, el médico, quedó herido Está por entrar el sol de verano y estamos asustados. Si un equipo encuentra estas bitácoras no nos busquen, ya estamos muertos. Tenemos una muestra aislada, reservada y protegida. Tómenla y váyanse. Sigan el protocolo de alto contagio y por ninguna razón se acerquen a los osos.
Día 94 No tenía el pelaje blanco ni amarillento que a veces desarrollan por condiciones externas, este era diferente. Tenía las patas alargadas, un poco flácidas o débiles. El pelaje era de una nitidez azulosa, el hocico era más largo y con varios dientes faltantes. Sus ojos tenían un tono azul eléctrico muy intenso. Al principio fue muy extraño ver un ejemplar con esas características. Inevitablemente lo tuvimos que matar por dos razones, una por defensa, el oso estaba hambriento y en nosotros vio la oportunidad de comida. La segunda fue porque necesitábamos muestras genéticas para estudiar las alteraciones evidentes. Cuando examinamos al ejemplar nos llevamos más sorpresas, sus patas presentaban malformaciones: una mutación plantaria, como una enredadera que le nacía de los pies queriendo trepar el cuerpo. Las uñas eran opacas, parecían pequeños troncos ásperos.
Día 116 El frío es implacable y nos estamos muriendo de hambre. Racionamos las provisiones de agua y comida, pero estamos al límite.
Día 121 Al cumplir tres meses regresaríamos, pero con el ataque del oso perdimos parte del equipo. No voy a negarlo, pensamos en comérnoslo. Apenas estoy asimilando lo que vimos ese día: abrimos el cuerpo del oso, por dentro estaba ramificado. El sistema circulatorio se modificó de modo que su fisionomía se estaba adaptando a los cambios. Fue inquietante. Dentro del animal había todo un ecosistema tratando de mantenerse, ¿era una bacteria? ¿un invento genético que se salió de control? ¿un parásito que llegó a la tierra? Los denominamos osos azules. Y a nosotros nos toca descifrar por qué.
Día 147 La simbiosis se desarrolló en nosotros. El primero en caer fue Iván. Ralph, con sus conocimientos en botánica ayudó a entender la relación simbiótica entre ambas especies, nuestra piel ya estaba cambiando de color. Estudiamos el cuerpo de Iván, el padecimiento parecía asintomático, no presentó dolor muscular ni de ningún tipo, solo notamos los cambios externos. Después murió de sed extrema. Lo abrimos y fue lo mismo que con el oso. Sus encías estaban flojas, los dientes se desprendieron con facilidad y sin sangrar. Lo sepultamos 150km al noroeste de la Union Glacier Station, pasando la cordillera, para no propagar la contaminación. Creo que nos estamos volviendo locos.
Día 152 Necesitamos el agua más que la comida. Una sed extrema nos llevó a ingerir nieve en cantidades excesivas. También nació el síntoma de sol. No el calor, sino sol. Las deducciones fueron que nos contagiamos por inhalación de esporas del cuerpo del oso. Puede ser que también por ingesta o subcutánea, aunque eso no pudimos comprobarlo.
Día 166 por la tarde. Llevamos días encerrados. Vi al botánico salir de la tienda, caminó tambaleante y abrió los brazos frente al sol: ¡es simbiosis fotosintética! se necita el sol para terminar la simbiosis, dijo y delante mío lo vi convertirse en una especie de planta que desconozco y que seguramente cubrirá la nieve. Ahora mismo siento la impetuosa urgencia de salir al sol. Resistimos cuanto pudimos. Perdimos contacto con la base hace meses, si nos buscaron o vienen al rescate, ya no lo sabremos.
Llegamos a la Antártida por orden del mayor al mando, el sr. Mitzka. El equipo estaba conformado por un ingeniero genético, un botánico, un médico militar y un general experto en combate y manejo de armas. Vinimos a estudiar el comportamiento de una nueva población de osos polares que después desapareció sin razón aparente. No morían, y si lo hacían, no había un rastro que confirmara lo decesos. Llegamos hace más de cinco meses, hoy es el día 166 de la expedición, con vida, el botánico y yo, el general experto.
Nos llevó un tiempo encontrar un ejemplar de oso, pero lo hicimos. En el proceso murió Sergey, el genetista ruso. Iván, el médico, quedó herido Está por entrar el sol de verano y estamos asustados. Si un equipo encuentra estas bitácoras no nos busquen, ya estamos muertos. Tenemos una muestra aislada, reservada y protegida. Tómenla y váyanse. Sigan el protocolo de alto contagio y por ninguna razón se acerquen a los osos.
Día 94 No tenía el pelaje blanco ni amarillento que a veces desarrollan por condiciones externas, este era diferente. Tenía las patas alargadas, un poco flácidas o débiles. El pelaje era de una nitidez azulosa, el hocico era más largo y con varios dientes faltantes. Sus ojos tenían un tono azul eléctrico muy intenso. Al principio fue muy extraño ver un ejemplar con esas características. Inevitablemente lo tuvimos que matar por dos razones, una por defensa, el oso estaba hambriento y en nosotros vio la oportunidad de comida. La segunda fue porque necesitábamos muestras genéticas para estudiar las alteraciones evidentes. Cuando examinamos al ejemplar nos llevamos más sorpresas, sus patas presentaban malformaciones: una mutación plantaria, como una enredadera que le nacía de los pies queriendo trepar el cuerpo. Las uñas eran opacas, parecían pequeños troncos ásperos.
Día 116 El frío es implacable y nos estamos muriendo de hambre. Racionamos las provisiones de agua y comida, pero estamos al límite.
Día 121 Al cumplir tres meses regresaríamos, pero con el ataque del oso perdimos parte del equipo. No voy a negarlo, pensamos en comérnoslo. Apenas estoy asimilando lo que vimos ese día: abrimos el cuerpo del oso, por dentro estaba ramificado. El sistema circulatorio se modificó de modo que su fisionomía se estaba adaptando a los cambios. Fue inquietante. Dentro del animal había todo un ecosistema tratando de mantenerse, ¿era una bacteria? ¿un invento genético que se salió de control? ¿un parásito que llegó a la tierra? Los denominamos osos azules. Y a nosotros nos toca descifrar por qué.
Día 147 La simbiosis se desarrolló en nosotros. El primero en caer fue Iván. Ralph, con sus conocimientos en botánica ayudó a entender la relación simbiótica entre ambas especies, nuestra piel ya estaba cambiando de color. Estudiamos el cuerpo de Iván, el padecimiento parecía asintomático, no presentó dolor muscular ni de ningún tipo, solo notamos los cambios externos. Después murió de sed extrema. Lo abrimos y fue lo mismo que con el oso. Sus encías estaban flojas, los dientes se desprendieron con facilidad y sin sangrar. Lo sepultamos 150km al noroeste de la Union Glacier Station, pasando la cordillera, para no propagar la contaminación. Creo que nos estamos volviendo locos.
Día 152 Necesitamos el agua más que la comida. Una sed extrema nos llevó a ingerir nieve en cantidades excesivas. También nació el síntoma de sol. No el calor, sino sol. Las deducciones fueron que nos contagiamos por inhalación de esporas del cuerpo del oso. Puede ser que también por ingesta o subcutánea, aunque eso no pudimos comprobarlo.
Día 166 por la tarde. Llevamos días encerrados. Vi al botánico salir de la tienda, caminó tambaleante y abrió los brazos frente al sol: ¡es simbiosis fotosintética! se necita el sol para terminar la simbiosis, dijo y delante mío lo vi convertirse en una especie de planta que desconozco y que seguramente cubrirá la nieve. Ahora mismo siento la impetuosa urgencia de salir al sol. Resistimos cuanto pudimos. Perdimos contacto con la base hace meses, si nos buscaron o vienen al rescate, ya no lo sabremos.