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El ojo científico más allá de las estrellas

Daniel

Era un día cálido y sereno en el profundo valle del Rift, en África, donde un
pequeño grupo de científicos había fundado un observatorio astronómico bajo
el nombre de “Herschel”, en honor al ilustre astrónomo que descubrió la
existencia de planetas más allá de las estrellas. El grupo estaba conformado
por los científicos Thomas, Brady y Brandon, quienes después de una gran
exploración por todos los continentes, decidieron instalar su observatorio en el
país de Kenia, el cual gracias a su relieve geográfico y sus condiciones
climáticas favorables permitía una excelente observación de cuerpos celestes
durante la noche.
El motivo por el que los científicos decidieron fundar un observatorio era
evidente. Estaban convencidos de que más allá de los planetas ya existentes y
de las nubes de gas y polvo a las que llamamos nebulosas, existía un planeta
habitable para individuos de nuestra especie cuyos recursos podrían
convertirse en el futuro en una mina para nuestra sociedad. Sin embargo,
estos científicos no fueron los únicos que apostaron por dicho proyecto. Los
grandes líderes mundiales se apuntaron a la carrera espacial con el fin de
competir entre ellos, contando con numerosas herramientas que facilitaban su
investigación, mientras que el pequeño grupo de exploradores solo disponía de
un pequeño observatorio al norte de Kenia y del apoyo ciudadano para lograr
conocer bien el territorio.
Pasaron los años, pero los científicos sólo consiguieron recopilar una serie de
datos acerca de la composición de la materia oscura y el movimiento de los
astros en el firmamento. Su deseo de encontrar un nuevo mundo se iba
desvaneciendo poco a poco, hasta que un 21 de diciembre, gracias a la
reducción de las horas de luz y a la aparición del solsticio de invierno, Thomas
logró vislumbrar una esfera no identificable muy cercana a Neptuno. Constituía
el primer hallazgo que realizaban los astrónomos durante varios años, así que
decidieron aumentar su empeño y se centraron en conocer qué era lo que
habían observado.
Recopilaron información de libros escritos durante la revolución científica,
consultaron los estudios realizados anteriormente por los grandes pensadores,
utilizaron más a fondo herramientas como el telescopio y, por último,
consultaron las fuentes actuales que existían gracias a la tecnología. Pero
nada, no había ni rastro de lo que parecía un rayo de luz cerca del “Gigante
helado”, lo que daba a entender que eran los primeros en descubrirlo.
Dos meses después del hallazgo, Brandon, falto de ideas y de recursos,
decidió fabricar una lente Barlow con los pocos materiales que disponía, para
poder cambiar la graduación de su telescopio. Utilizó elementos cromáticos y
materiales como el hierro o el sílice para la carcasa y utilizó el vidrio para la
lente, sin ser consciente del acierto que iba a tener. Con el telescopio ya
terminado, solo había que esperar al plenilunio para probar la nueva invención.
Hasta que, finalmente, surgió una respuesta a sus preguntas.

El telescopio tuvo éxito y, como resultado, consiguieron observar que el rayo de
luz provenía de un planeta cuya atmósfera estaba mecanizada. Los
investigadores se quedaron perplejos, ya que nunca habían imaginado un
planeta con una superficie estuviera formada por cilindros neumáticos y por
otros mecanismos. Era un descubrimiento asombroso, por lo que estos eruditos
decidieron difundir su hazaña por la prensa local, hasta que terminó
expandiéndose por todo el mundo.
Ya eran célebres investigadores que habían entrado en la historia de la ciencia
con una complicada trayectoria, que era lo que más caracterizaba a los
verdaderos científicos. Como muestra de ello, los altos cargos
gubernamentales de muchos países aportaron compensaciones económicas
para que este grupo de investigadores pudiera tratar más a fondo su exitoso
proyecto.
Con el paso de las décadas, gracias a la contribución de estos maestros, la
humanidad consiguió llegar a pisar el suelo del planeta ya denominado como
“Tecnotron”, demostrando las grandes dimensiones que ha ido alcanzando el
ojo científico a lo largo de la historia mundial, porque desde ese observatorio
sobre el valle del Rift no se conformaron con lo conocido, sino con lo imposible
más allá de las estrellas.