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Historias por contar

Alpha

Han pasado tres años desde que empecé a trabajar para el periódico más importante de Londres, escribiendo columnas sobre enfermedades esperando así poder ayudar la gente, dando visibilidad a su enfermedad, sobre todo para aquellas enfermedades que no son muy comunes, como es el caso de la enfermedad de Castleman, un grupo de trastornos poco comunes que implica que los ganglios linfáticos se dilaten. Sus síntomas incluyen pérdida de peso involuntaria o agrandamiento del hígado entre muchas otras.
El problema de esta enfermedad es que para uno de los casos no se ha encontrado cura, ya que si solo te afecta a un ganglio, que es lo más común, existen operaciones para que se cure, pero si te afecta a varios se complica la cosa, ya que el cuerpo es demasiado débil para aguantar una operación, por lo que sobrevives a base de medicamentos, aunque realmente no existe un tratamiento como tal, por lo que si te curas es gracias a un golpe de suerte.
Por eso desde que la descubrí he estado obsesionada; recopilando tanta información como he podido para poder escribir un artículo, escribiendo a pequeñas asociaciones que me pudieran ayudar.
Mañana es mi única oportunidad para intentar que el mundo descubra esta enfermedad y que se pueda encontrar una cura, ya que se celebra el 60 aniversario del periódico, y a parte de ser toda una gran celebración, es un día en el que los columnistas podemos enseñar a nuestros jefes un artículo escrito por nosotros, y si a todo el comité del periódico le gusta, lo publican en portada. Por eso llevo semanas perfeccionando el artículo.
En la oficina nada más llegar me dirigí al despacho de la directora del comité Angela Saini, una mujer firme y decidida que no se deja llevar por nadie y con temperamento fuerte, ella es cada año la encargada de decidir qué artículo se publica y la persona más respetada en este sector.
-Claudia, confió en tu trabajo, cada año te superas -comentó Angela.
-Gracias, espero este año poder publicarlo.
-A las dos te espero en mi despacho, anunciaremos el ganador.
Asentí con la cabeza y volví a mi puesto de trabajo, tenía trabajo atrasado de todas las semanas que había estado trabajando sobre esta enfermedad.
Para distraer la mente y no estar pensando en el ganador decidí empezar por escribir la columna de la semana, esta vez me tocaba hablar sobre los avances en el cerebro, ya que se han encontrado nuevas perspectivas del Alzheimer.
Cuando terminó la mañana, más de cincuenta personas acudimos al despacho de Angela, estaba nerviosa porque había muchos candidatos, pero aún así sabía lo que había trabajado por lo tanto no perdí la esperanza.
-Lo primero de todo- comenzó Angela-, quería daros las gracias a todos por participar un año más en este concurso, especialmente este año que es mi último año aquí, después de quince años trabajando en este periódico ha llegado el momento de despedirme.
En ese momento empezó un murmullo general, nadie podía creer que Angela se fuera del periódico.
-Calma por favor, centrémonos en lo importante. El ganador de la sexagésima edición, es Diego Santos y su artículo sobre los Icebergs Gigantes, enhorabuena Diego, un aplauso por favor.
Todo el mundo empezó a aplaudir y felicitarle, pero yo tuve que huir de ahí, no lo podía soportar. Salir corriendo a la azotea, donde llevaba cinco años yendo al terminar el anuncio. Cinco años. En lo que en ninguno había ganado, en los que solo perdía mi tiempo.
Lo que realmente me daba rabia era que ahora no iba a poder ayudar a todas las personas que sufren la enfermedad de Castleman, y ellos sí que no se merecían eso.
Pasó una hora y decidí bajar, seguro que ya se había ido todo el mundo así que no me tendría que cruzar con nadie.
-Claudia -dijo Angela-, entra por favor.
Pase al despacho y me senté en la silla, me quedé observando el despacho. Se notaba la disciplina que ella tenía con solo ver sus paredes, repletas de recortes de sus artículos más reconocidos.
-Como ya te dije esta mañana, cada año te superas. Y es que durante este año he estado observando todas tus columnas, y la verdad es que he de admitir que me han gustado mucho. En estos cinco años que llevas trabajando aquí has evolucionado mucho, y estoy segura que lo vas a poder seguir haciendo, yo te quiero ayudar por lo que, quiero que tu me sustituyas cuando me vaya de aquí.
-¿De verdad, Elena?
-Si estás dispuesta a ello, claro.
-¡Claro que estoy dispuesta! Mil gracias Elena.
Gracias a ese puesto, cada día consigo visibilizar enfermedades poco conocidas, y así ayudar a gente, haciendo algo que de verdad me gusta, contando historias.