La invasión
Alex
Me llamo David, tengo 13 años y vivo en Tarragona. Este año he empezado el instituto y… ya tengo mala reputación.
Me llaman Pringalien, Extrafriki y, el que más odio, Marciano del temu. Y solo por el simple hecho de que me gusten los alienígenas. A veces puedo llegar a ser un poco friki y lo reconozco, ¿¡pero que me pongan motes!? Eso ya es pasarse de la raya.
Pero eso ahora no importa, porque al volver del insti, vi una estrella y era de día, además, cuando la luz extraña se había ido, un papel se me puso en la cara, el papel era muy ligero, cambiaba de color y ponía algo que no entendía. Y lo vi, un ovni en medio de un descampado. Al principio no me lo creía, pero no era un sueño, qué va, ¡era real!
Como todo niño, me fui corriendo a mi casa y no dije nada. Cuando estaba en mi habitación, encendí la tele y puse las noticias, decían que los alienígenas nos querían invadir por una sustancia llamada… “AGUA”. ¿En serio que nos quieren invadir por el agua? Lo más absurdo que me podía imaginar.
Mis padres, cuando llegaron, estaban muy nerviosos, me dijeron que me preparara una mochila con todo lo necesario, yo, extrañado por todo lo que había pasado, les hice caso. Con todo listo, nos fuimos a la masía de mis abuelos, que estaba en medio del bosque, y nos instalamos. Mi madre les explicó todo lo que había sucedido. Aunque sonaba muy raro, existían los alienígenas.
Durante la cena, escuchamos un pitido muy fuerte dentro de nuestras orejas, tan fuerte que era insoportable y… ¡ENTRARON POR LA PUERTA! Al principio, se quedaron quietos, observando cómo sufríamos por el pitido y luego, una luz verde nos abdujo.
Al despertar, lo primero que vi fue un cuadrado gigante, con una decoración horrible, los aliens no tenían muy buen gusto, luego vi a mi familia dormida. Al girarme, un alien se me acercó y pulsó un botón que tenía en su chaqueta morada, luego comenzó a hablar mi idioma.
-Humano, ¿qué quieres a hacer al respecto para que no conquistemos tu planeta?- dijo el alien.
-Quiero que nos dejéis en paz- le contesté.
-¡Cómo te atreves a hablarme así!- me dijo enfadado.
Y en ese momento, ocurrió algo inesperado.
Se me cayó del bolsillo una canica naranja y azul de cristal, que tenía ahí olvidada, y el alien se quedó alucinado, me dijo que si le daba la canica, que en su planeta era muy valiosa, nos dejarían en paz. Yo acepté, pero pedíalgo a cambio y él me dio algo que me dijo que era comestible, se llamaba prenyulous, un nombre muy raro, además, era un triángulo perfecto de color fluorescente.
Y con el trato hecho, los aliens volvieron a su planeta satisfechos y yo me comí eso que me dieron, no sabía a nada y luego me tuve que ir al baño de mi casa corriendo.
Con todo volviendo a la normalidad de nuevo, volvimos a nuestras rutinas, pero con un ligero cambio, ya no me ponen motes, porque ahora odio a los ALIENÍGENAS. Me gustaría decir que yo he salvado el planeta tierra de los aliens, de nada.
Me llaman Pringalien, Extrafriki y, el que más odio, Marciano del temu. Y solo por el simple hecho de que me gusten los alienígenas. A veces puedo llegar a ser un poco friki y lo reconozco, ¿¡pero que me pongan motes!? Eso ya es pasarse de la raya.
Pero eso ahora no importa, porque al volver del insti, vi una estrella y era de día, además, cuando la luz extraña se había ido, un papel se me puso en la cara, el papel era muy ligero, cambiaba de color y ponía algo que no entendía. Y lo vi, un ovni en medio de un descampado. Al principio no me lo creía, pero no era un sueño, qué va, ¡era real!
Como todo niño, me fui corriendo a mi casa y no dije nada. Cuando estaba en mi habitación, encendí la tele y puse las noticias, decían que los alienígenas nos querían invadir por una sustancia llamada… “AGUA”. ¿En serio que nos quieren invadir por el agua? Lo más absurdo que me podía imaginar.
Mis padres, cuando llegaron, estaban muy nerviosos, me dijeron que me preparara una mochila con todo lo necesario, yo, extrañado por todo lo que había pasado, les hice caso. Con todo listo, nos fuimos a la masía de mis abuelos, que estaba en medio del bosque, y nos instalamos. Mi madre les explicó todo lo que había sucedido. Aunque sonaba muy raro, existían los alienígenas.
Durante la cena, escuchamos un pitido muy fuerte dentro de nuestras orejas, tan fuerte que era insoportable y… ¡ENTRARON POR LA PUERTA! Al principio, se quedaron quietos, observando cómo sufríamos por el pitido y luego, una luz verde nos abdujo.
Al despertar, lo primero que vi fue un cuadrado gigante, con una decoración horrible, los aliens no tenían muy buen gusto, luego vi a mi familia dormida. Al girarme, un alien se me acercó y pulsó un botón que tenía en su chaqueta morada, luego comenzó a hablar mi idioma.
-Humano, ¿qué quieres a hacer al respecto para que no conquistemos tu planeta?- dijo el alien.
-Quiero que nos dejéis en paz- le contesté.
-¡Cómo te atreves a hablarme así!- me dijo enfadado.
Y en ese momento, ocurrió algo inesperado.
Se me cayó del bolsillo una canica naranja y azul de cristal, que tenía ahí olvidada, y el alien se quedó alucinado, me dijo que si le daba la canica, que en su planeta era muy valiosa, nos dejarían en paz. Yo acepté, pero pedíalgo a cambio y él me dio algo que me dijo que era comestible, se llamaba prenyulous, un nombre muy raro, además, era un triángulo perfecto de color fluorescente.
Y con el trato hecho, los aliens volvieron a su planeta satisfechos y yo me comí eso que me dieron, no sabía a nada y luego me tuve que ir al baño de mi casa corriendo.
Con todo volviendo a la normalidad de nuevo, volvimos a nuestras rutinas, pero con un ligero cambio, ya no me ponen motes, porque ahora odio a los ALIENÍGENAS. Me gustaría decir que yo he salvado el planeta tierra de los aliens, de nada.