Skip to main content

La resiliencia de los vectores.

Suslia

Siempre pensé que las películas de terror americanas eran para troncharse de risa. ¿Quién en su sano juicio se va a comprar la casa encantada en la que han muerto o desaparecido alguien en circunstancias extrañas? No tiene ningún sentido, siempre hacen cosas estúpidas como esas es tan predecible... Jamás pensé que me pasaría a mí.

Después pasarme la pandemia en mí minúsculo piso de Madrid y de que mi jefe cerrase las oficinas y nos pasase a todos a tele-trabajar decidí mudarme al campo. Mi madre había heredado la casa de mi tío al morir él repentinamente hacía algo más de un año y me ofreció que me fuese para probar a ver si me hacía a esa vida. Lo único malo es que dieron de baja la luz y el agua así que de momento no había, pero no me importó.

Mi madre es de cerca Gea de Albarracín, un pueblo muy bonito en la provincia de Teruel, allí sólo quedaba viviendo mi tío. Recuerdo ir allí en verano a visitarlo a su granja, me encantaba ir a ver a las ovejas y las cabras. La recordaba muy bien aunque sólo fuésemos unas pocas veces. Estaba aislada en medio del monte, recuerdo a mi padre protestando porque para llegar había que ir por una pista forestal y decía que se le iban a romper los amortiguadores del coche.

Cogí una semana de vacaciones para irme a ver la casa y averiguar cuánto trabajo iba a necesitar. Con toda la ilusión compré un hornillo de camping y pequeño generador para poder pasar unos días en un sitio sin agua ni luz. La idea de pasar unos días a solas en la naturaleza me pareció un privilegio. Desconexión total, paz mental.

Tras comprar todo lo que pensé que podía necesitar, el lunes cogí el coche con todo dentro y partí hacia lo que esperaba se pudiese convertir en mi nueva casa.

Con el GPS llegué al pueblo y siguiendo las indicaciones que me había dado mi madre logré llegar a la propiedad. La verdad que no se parecía a cómo yo la recordaba, es normal supongo al estar abandonada aunque me sorprendió la velocidad con la que las plantas y las malas hierbas habían arrasado con el huerto y salían hasta de entre el pavimento de la entrada.

Ese día entre el viaje y asentar todas mis cosas no tuve tiempo de nada más caí rendido nada mas acostarme en el saco de dormir sobre una de las camas. A la mañana siguiente sentía pesadez y algo de letargo, pensé que podía ser por todo el polvo que había estado respirando, es lo que tiene limpiar..

Dando un paseo por la propiedad me extrañó que el establo donde mi tío guardaba los animales estaba completamente vacío y completamente limpio, al contrario que la zona de la casa donde aparte de trastos y polvo, sí había malas hierbas, estas zonas estaban libres de todo rastro, ni siquiera algo de paja, y un poco más adelante descubrí una gran zanja con un montón de huesos y restos de animales calcinados.

Decidí llamar a mi madre para preguntarle sobre mi descubrimiento, ella me comentó que esto sería probablemente debido a la desinfección que habían hecho, Al parecer hubo una plaga de garrapatas en la granja que al picar a los animales les transmitieron una enfermedad llamada encefalomielitis ovina, la mayor parte de los animales enfermaron y tuvieron que sacrificarlos y quemar sus cadáveres. Después hicieron una desinfección profunda para erradicar todas las garrapatas que eran vectores de transmisión de esa enfermedad, por eso no había crecido nada en esas zonas y estaba todo así.

Esta explicación me tranquilizó bastante aunque no volví a acercarme a esa zona, aunque hubiese pasado un año todo parecía estar muerto allí.

Pasé varios días arreglando un poco la casa y también el huerto, siempre había querido tener mi propio huerto. Con tanto trabajo físico el cansancio era omnipresente, pero me sentía feliz.

El tiempo pasó rápidamente, no recuerdo el día exacto, solo sé que una mañana al sonar el despertador apenas podía moverme y la cabeza me dolía como nunca. Cerré los ojos para descansarlos solo un momento...

Sonaba el teléfono de manera insistente, haciendo gran esfuerzo logré abrir los ojos, el sol entraba por la ventana, estaba empezando a atardecer. Giré como pude la cabeza hacia la mesilla e intenté mover el brazo para coger el teléfono sin mucho éxito. Entonces me di cuenta.

Las garrapatas parecían pequeñas verrugas que cubrían mi brazo, mi mano, mis dedos…