Un anhelo alcanzado
Michelle
Esta historia empieza desde que yo era pequeño. Yo siempre soñaba con ser un gran científico como Albert Einstein o Stephen Hawking; me impresionaba ver lo que habían descubierto y habían conseguido unos simples hombres, y más me impresionaba ver cómo Hawking, a pesar de tener una enfermedad que le impedía hacer muchas cosas, él no se rindió y siguió adelante con sus teorías. Yo siempre quise hacer algo que no estuviera descubierto. Un día, cuando estaba en tercero de la ESO, mi profesor de Física y Química nos dijo a mi clase y a mí que el que hiciera una máquina del tiempo cuando fuera mayor que lo buscara con ella, pero yo no podía esperar a ser mayor y comencé a investigar sobre los científicos que habían intentado construir una máquina del tiempo. Mi madre me preguntó qué investigaba con tanto entusiasmo que en todo el fin de semana no había salido; yo le contesté que quería hacer una máquina del tiempo. Mi madre me contestó que ya había vuelto con el mismo tema que cuando era pequeño; yo la miré con cara de duda. Ella, viendo mi expresión, me lo explicó desde el comienzo. Me dijo que cuando era pequeño había un señor que me decía que construyéramos juntos una máquina del tiempo. Yo le pregunté quién era ese señor; ella me contestó que no lo sabía, que yo siempre le hablaba de él. Me dijo que lo último que le había dicho sobre él fue que nos volveríamos a ver en el futuro; cuando estuviera listo, lo buscara, que él iba a estar en la casa que estaba a las afueras de la ciudad, la que estaba cerca de un lago. Le pregunté a mi madre cómo se llamaba el señor, pero me dijo que no lo sabía. Estuve todo el resto del día pensando en aquel señor; en la cena le pregunté a mi padre si me podría llevar a aquella casa el próximo fin de semana; él me dijo que sí. Estuve pensando toda la semana sobre qué le iba a preguntar. Y por fin llegó el sábado; la noche anterior no había podido dormir por la emoción de saber quién era aquel hombre misterioso. Toqué el timbre de la casa y al segundo un hombre de unos 30 años abrió la puerta; él me reconoció y me llamó por mi nombre. Yo me asusté y le pregunté por qué sabía mi nombre; él se quedó en silencio y me invitó a pasar. Al entrar, me senté en el sofá y le pregunté quién era él; él me contestó que seríamos amigos en el futuro y que se llamaba Luk. Él se explicó diciendo que yo había encontrado la manera de viajar en el tiempo, que no solo podía ir al pasado, sino que podía ir al futuro; ellos habían experimentado con una manzana, mordiéndola y devolviéndola al pasado, y volvió a su forma original. Yo me quedé en shock sabiendo que había conseguido lo que tanto había querido. Comencé a celebrar con mi padre, pero al pensar en todo lo que había pasado me pregunté que qué seguía haciendo él en esta época, por qué no había vuelto a su año y además por qué me necesitaba; eso me hacía pensar que algo había salido mal. Le pregunté que qué había pasado después; Luk me contestó que el día en el que me iban a dar un premio Nobel se iba a demostrar a los demás científicos lo que había descubierto y él se había ofrecido a ser el sujeto de prueba, pero algo falló y no pudo regresar, y me buscó a mí para que construyera otra para regresarlo a casa. Yo le dije que aún no sabía cómo hacerla; él me contestó que sabía algunas cosas ya que había trabajado conmigo en la creación de la primera máquina del tiempo y además él ya había hecho un prototipo. En ese momento pensé en Hawking, es decir, yo también podía hacerlo si me lo proponía y así fue: en cinco meses la volvimos a reconstruir. Fui corriendo a enseñarle mi invento a mi profesor e hice el mismo intento que mi yo del futuro; mi profesor quedó asombrado de lo que había conseguido siendo tan pequeño. Después de eso le di las gracias a Luk y lo envié de vuelta; desde ese día no lo volví a ver. El día en el que me iban a dar el premio Nobel vi entre la multitud a Luk y desde ese momento no nos volvimos a separar y estamos trabajando juntos para nuestro siguiente descubrimiento juntos.