¿Videojuego o realidad?
Olivia Díaz
-¡Adiós!- digo mientras mi amiga se va de mi casa. Ella se despide de mí con la mano y cierro la puerta.
Cuando mi amiga Leah sale por la puerta, me tiro al sofá y empiezo a jugar a mi videojuego favorito: Nintendo Sports.
Sé que acabo de decir que odio los deportes, pero en la Nintendo es diferente. Puedo calcularlo todo, y como la Nintendo es una máquina, sé que mis cálculos servirán para algo. Estoy a punto de ganar cuando una notificación aparece en mi pantalla.
-¿Pulsa aquí para hacer un remate potencia?- leo. Nunca me había pasado eso. Pulso. Todo se vuelve negro. Mi cuerpo impacta contra el suelo.
-Ay- me quejo mientras me levanto. Me doy cuenta de que ya no estoy en mi salón. Tampoco estoy sola. Estoy en un polideportivo y hay un montón de espectadores mirando hacia…
Una cancha de voley. ¿En serio? De pronto me doy cuenta. No es una cualquiera. Es la de mi videojuego. ¿Qué estoy haciendo ahí? Una voz suena a través de un altavoz y me paraliza.
-Y… Lana gana el partido. La siguiente en salir al campo es… ¡Sarah Pérez!- anuncia. Acaba de decir mi nombre. Antes de que pueda escapar, un par de brazos me arrastran hacia el campo. Desesperada, intento salir, pero hay una pared invisible que me lo impide.
Soy lista. Sé aceptar cuando no hay salida en vez de perder el tiempo buscando una. Y en este momento sé que no tengo salida.
Antes de que me de cuenta el silbato anuncia el principio del calentamiento. Para mi sorpresa, se me da bien sacar. Una máquina a mi lado del campo indica que mis saques van a 70 km/h. Eso son unos 0,5 segundos en cruzar un campo de 19 metros, aunque la medida reglamentaria son 18 metros, pero siento que aquí a nadie le importan mucho las reglas. Mi oponente, Lana, remata y casi me da en la cara. Su maquinita indica que sus remates van a 65 km/h. Pero tengo ventaja. Su velocidad de reacción es de 0,5 segundos.
-¡Necesito una hoja de papel!- exclamo. Un folio aparece en mis manos. La física va a ser mi compañera de juego. Sé cuanto mide el campo exactamente, 19,44 m, por lo que un lado mide 9,72 m. Ya sé que sus remates van a 65 km/h, lo que son 18,06 m/s. Necesito saber cuanto tiempo tengo para prepararme. ¿Cuál era la fórmula del tiempo? Me empiezo a estresar.
De pronto me acuerdo.
-¡Tengo que dividir la distancia entre la velocidad!- grito.
Divido rápidamente la distancia, (9,72) entre la velocidad (18,06) y me da 0,54. Más el tiempo de reacción (0,5 segundos)... la pelota tarda un segundo y cuatro milésimas en regresar a mi campo.
El silbato suena y el partido comienza. Lana empieza sacando. No había contado con eso. Ya no tengo tiempo de hacer cálculos. Lana saca y yo intento devolverla, pero no lo consigo.
Su segundo saque me da directamente y caigo al suelo por segunda vez en el día. Me siento mareada.
Me levanto corriendo y me preparo. Tengo más de un segundo para reaccionar. Puedo hacerlo. Lana saca, y, cuando el miedo empieza a invadirme, la bola se estrella con la red en lugar de pasar a mi campo. He ganado un punto. Saco y en menos de un segundo corro donde siempre van los remates de Lana. El balón viene e impacta contra mis brazos. Rebota y regresa al campo de Lana, quien no tiene tiempo para reaccionar. Vamos 2 a 2. Saco y corro hasta el mismo lugar, pero algo va mal.
Mi cuerpo cae otra vez contra el suelo. Me he torcido el tobillo. Empieza a dolerme mucho. El partido acaba y justo cuando la lo daba todo por perdido la voz a través de los altavoces anuncia que he ganado. ¿Cómo es posible? Veo a Lana tirada en el suelo y el balón a su lado. Antes de que sepa qué ocurre, corro al lado de Lana. Mi tobillo me grita que pare pero no lo hago.
-Vete- me dice Lana cuando me siento a su lado. Me levanto pero mi tobillo cruje y cede. Caigo al suelo OTRA VEZ.
Llega un equipo de médicos y cuando abro los ojos estoy en el hospital. Mis padres están ahí y un médico les está enseñando la radiografía de mi tobillo roto.
Mis padres me llevan a casa y me pongo a jugar con la Nintendo. Abro la Nintendo Sports y hay un nuevo personaje, igual que yo, que acaba de ganar un partido 2-3.
Cuando mi amiga Leah sale por la puerta, me tiro al sofá y empiezo a jugar a mi videojuego favorito: Nintendo Sports.
Sé que acabo de decir que odio los deportes, pero en la Nintendo es diferente. Puedo calcularlo todo, y como la Nintendo es una máquina, sé que mis cálculos servirán para algo. Estoy a punto de ganar cuando una notificación aparece en mi pantalla.
-¿Pulsa aquí para hacer un remate potencia?- leo. Nunca me había pasado eso. Pulso. Todo se vuelve negro. Mi cuerpo impacta contra el suelo.
-Ay- me quejo mientras me levanto. Me doy cuenta de que ya no estoy en mi salón. Tampoco estoy sola. Estoy en un polideportivo y hay un montón de espectadores mirando hacia…
Una cancha de voley. ¿En serio? De pronto me doy cuenta. No es una cualquiera. Es la de mi videojuego. ¿Qué estoy haciendo ahí? Una voz suena a través de un altavoz y me paraliza.
-Y… Lana gana el partido. La siguiente en salir al campo es… ¡Sarah Pérez!- anuncia. Acaba de decir mi nombre. Antes de que pueda escapar, un par de brazos me arrastran hacia el campo. Desesperada, intento salir, pero hay una pared invisible que me lo impide.
Soy lista. Sé aceptar cuando no hay salida en vez de perder el tiempo buscando una. Y en este momento sé que no tengo salida.
Antes de que me de cuenta el silbato anuncia el principio del calentamiento. Para mi sorpresa, se me da bien sacar. Una máquina a mi lado del campo indica que mis saques van a 70 km/h. Eso son unos 0,5 segundos en cruzar un campo de 19 metros, aunque la medida reglamentaria son 18 metros, pero siento que aquí a nadie le importan mucho las reglas. Mi oponente, Lana, remata y casi me da en la cara. Su maquinita indica que sus remates van a 65 km/h. Pero tengo ventaja. Su velocidad de reacción es de 0,5 segundos.
-¡Necesito una hoja de papel!- exclamo. Un folio aparece en mis manos. La física va a ser mi compañera de juego. Sé cuanto mide el campo exactamente, 19,44 m, por lo que un lado mide 9,72 m. Ya sé que sus remates van a 65 km/h, lo que son 18,06 m/s. Necesito saber cuanto tiempo tengo para prepararme. ¿Cuál era la fórmula del tiempo? Me empiezo a estresar.
De pronto me acuerdo.
-¡Tengo que dividir la distancia entre la velocidad!- grito.
Divido rápidamente la distancia, (9,72) entre la velocidad (18,06) y me da 0,54. Más el tiempo de reacción (0,5 segundos)... la pelota tarda un segundo y cuatro milésimas en regresar a mi campo.
El silbato suena y el partido comienza. Lana empieza sacando. No había contado con eso. Ya no tengo tiempo de hacer cálculos. Lana saca y yo intento devolverla, pero no lo consigo.
Su segundo saque me da directamente y caigo al suelo por segunda vez en el día. Me siento mareada.
Me levanto corriendo y me preparo. Tengo más de un segundo para reaccionar. Puedo hacerlo. Lana saca, y, cuando el miedo empieza a invadirme, la bola se estrella con la red en lugar de pasar a mi campo. He ganado un punto. Saco y en menos de un segundo corro donde siempre van los remates de Lana. El balón viene e impacta contra mis brazos. Rebota y regresa al campo de Lana, quien no tiene tiempo para reaccionar. Vamos 2 a 2. Saco y corro hasta el mismo lugar, pero algo va mal.
Mi cuerpo cae otra vez contra el suelo. Me he torcido el tobillo. Empieza a dolerme mucho. El partido acaba y justo cuando la lo daba todo por perdido la voz a través de los altavoces anuncia que he ganado. ¿Cómo es posible? Veo a Lana tirada en el suelo y el balón a su lado. Antes de que sepa qué ocurre, corro al lado de Lana. Mi tobillo me grita que pare pero no lo hago.
-Vete- me dice Lana cuando me siento a su lado. Me levanto pero mi tobillo cruje y cede. Caigo al suelo OTRA VEZ.
Llega un equipo de médicos y cuando abro los ojos estoy en el hospital. Mis padres están ahí y un médico les está enseñando la radiografía de mi tobillo roto.
Mis padres me llevan a casa y me pongo a jugar con la Nintendo. Abro la Nintendo Sports y hay un nuevo personaje, igual que yo, que acaba de ganar un partido 2-3.