El día que llegó la panacea
MiguelAngel
Un día como cualquier otro, el doctor y científico Carlos Manrique estaba desayunando en la cocina de su casa algo habitual para: él tostadas con tomate y un poco de aceite. Pero su desayuno se vio interrumpido por un toque en su puerta, lo cual le sorprendió, ya que no era una hora habitual en la que él recibía visitas.
Debido a la llamada se vio obligado a levantarse y ver quién era el recién llegado, pero al abrir la puerta no se encontró a nadie. Miro a ambos lados, a la izquierda y a la derecha, pero la calle estaba completamente vacía. Justo cuando fue a cerrar se dio cuenta de que había un bote de crema dermatológica en el suelo.
Intrigado y con dudas de quién lo había dejado y por qué, decidió cogerlo. Al verlo más detenidamente se dio cuenta de que era un bote de crema blanca y genérica pero que olía muy bien, así que decidió aprovechar y cogerla para utilizarla más tarde.
Ya en la noche decidió probarla, y tras aplicársela un poco en su cara y el el muñón de una mano que había perdido,se fue a dormir. Pero al despertar se encontró con que la piel comenzó a regenerarse, cubriendo la zona con un tejido firme y flexible. Era como si su mano hubiera vuelto a la normalidad.
Aquello le resultó fascinante y extraño, y aprovechando sus grandes conocimientos en la medicina y en la investigación científica decidió quedarse encerrado en su estudio. Tras varias pruebas y ensayos con ratones llegó a la conclusión de que esa crema era algo espectacular que tenía la capacidad de regenerar tejidos y células humanas en cuestión de minutos.
Durante semanas decidió probarla a ver si también curaba enfermedades y no era solo cuestión de regeneración de miembros perdidos o cicatrices, y descubrió que con la aplicación de esta podía curar incluso cualquier enfermedad incurable al momento.
Este era el mayor avance en la medicina de la historia y decidió presentar los resultados a más científicos este descubrimiento se difundió rápidamente. Los primeros ensayos médicos confirmaron lo que él había observado y es que esta crema podría curar heridas, infecciones e incluso enfermedades que hasta entonces no tenían tratamiento.
Con el tiempo la crema se expandió y fue una gran revolución mejorando la vida de todo el mundo. Primero, llegó a los hospitales curando y salvando la vida de millones de seres humanos, pero algunas personas comenzaron a usarla para otros fines, ya que la crema se empezó a utilizar para mejorar la apariencia física.
Durante un tiempo parecía funcionar perfectamente pero algunos médicos empezaron a notar anomalías. Las células regeneradas seguían multiplicándose, incluso después de reparar el tejido original. Las consecuencias empezaron a llegar: algunos pacientes experimentaron proliferaciones celulares en órganos y en la piel, grandes masas como tumores y dolores intensos. Lo que fue una salvación y algo grandioso ahora se había convertido en la perdición de muchos de sus usuarios.
La crema, que prometía curarlo todo, ahora generaba males que ninguna intervención médica podía detener, provocando gran cantidad de muertes y una crisis sanitaria a nivel mundial.
Ante toda esta situación Carlos se maldecía y arrepentía por no haber hecho más pruebas y por ser el responsable de descubrir y abrir esa puerta aquel día.
Debido a la llamada se vio obligado a levantarse y ver quién era el recién llegado, pero al abrir la puerta no se encontró a nadie. Miro a ambos lados, a la izquierda y a la derecha, pero la calle estaba completamente vacía. Justo cuando fue a cerrar se dio cuenta de que había un bote de crema dermatológica en el suelo.
Intrigado y con dudas de quién lo había dejado y por qué, decidió cogerlo. Al verlo más detenidamente se dio cuenta de que era un bote de crema blanca y genérica pero que olía muy bien, así que decidió aprovechar y cogerla para utilizarla más tarde.
Ya en la noche decidió probarla, y tras aplicársela un poco en su cara y el el muñón de una mano que había perdido,se fue a dormir. Pero al despertar se encontró con que la piel comenzó a regenerarse, cubriendo la zona con un tejido firme y flexible. Era como si su mano hubiera vuelto a la normalidad.
Aquello le resultó fascinante y extraño, y aprovechando sus grandes conocimientos en la medicina y en la investigación científica decidió quedarse encerrado en su estudio. Tras varias pruebas y ensayos con ratones llegó a la conclusión de que esa crema era algo espectacular que tenía la capacidad de regenerar tejidos y células humanas en cuestión de minutos.
Durante semanas decidió probarla a ver si también curaba enfermedades y no era solo cuestión de regeneración de miembros perdidos o cicatrices, y descubrió que con la aplicación de esta podía curar incluso cualquier enfermedad incurable al momento.
Este era el mayor avance en la medicina de la historia y decidió presentar los resultados a más científicos este descubrimiento se difundió rápidamente. Los primeros ensayos médicos confirmaron lo que él había observado y es que esta crema podría curar heridas, infecciones e incluso enfermedades que hasta entonces no tenían tratamiento.
Con el tiempo la crema se expandió y fue una gran revolución mejorando la vida de todo el mundo. Primero, llegó a los hospitales curando y salvando la vida de millones de seres humanos, pero algunas personas comenzaron a usarla para otros fines, ya que la crema se empezó a utilizar para mejorar la apariencia física.
Durante un tiempo parecía funcionar perfectamente pero algunos médicos empezaron a notar anomalías. Las células regeneradas seguían multiplicándose, incluso después de reparar el tejido original. Las consecuencias empezaron a llegar: algunos pacientes experimentaron proliferaciones celulares en órganos y en la piel, grandes masas como tumores y dolores intensos. Lo que fue una salvación y algo grandioso ahora se había convertido en la perdición de muchos de sus usuarios.
La crema, que prometía curarlo todo, ahora generaba males que ninguna intervención médica podía detener, provocando gran cantidad de muertes y una crisis sanitaria a nivel mundial.
Ante toda esta situación Carlos se maldecía y arrepentía por no haber hecho más pruebas y por ser el responsable de descubrir y abrir esa puerta aquel día.