El salto perfecto: cuando la física gana la carrera
El gato de Schrödinger
Desde pequeña, a Beatriz le ha apasionado la equitación. Lleva montando desde que tenía cinco años. Ahora tiene quince, lleva diez años montando y aún le apasiona como la primera vez.
Beatriz siempre ha sido una chica ejemplar. Ha sacado muy buenas notas siempre. Es amable y encantadora.
En su cumpleaños número catorce, sus padres decidieron regalarle lo que más anhelaba, que era tener un caballo propio. Ese día para ella fue increíble. Primero, le vendaron los ojos para que todo fuera una sorpresa. La subieron al coche y se dirigieron a la hípica.
Cuando llegaron, el propietario de la misma decidió colaborar con los padres en la sorpresa. Por esa razón, los padres de Beatriz pudieron decorar toda la finca para su cumpleaños. Lo llenaron todo de guirnaldas, globos y muchos tipos de decoraciones.
Cuando le quitaron la venda de los ojos, se dio cuenta de que su madre estaba sosteniendo un ramal (la cuerda de una cabezada) de una cabezada que llegaba hasta la cabeza de un caballo precioso, negro como el betún y con los ojos verdes esmeralda, y se podía apreciar que estaba muy bien entrenado.
Ese caballo tenía un enorme lazo colgando del cuello y un cartel que ponía: “¿Quieres ser mi dueña, Bea?” Ella, tan emocionada, se puso a llorar de alegría, pensando en todas las velas de cumpleaños y cuántas pestañas había soplado para que llegara ese día.
Ella decidió ponerle de nombre a ese majestuoso caballo: Relámpago. Desde ese día, ellos han sido inseparables.
Bea va a entrenar todos los días, menos los lunes, porque todos los martes tiene exámenes y ella sabe que los estudios tienen prioridad. Su entrenador se llama José. Es encantador y muy inteligente. Siempre se han llevado bien, y cuando Bea tiene alguna urgencia o, por alguna razón, no puede ir a montar, lo monta José.
Relámpago y Bea van de competición cada dos semanas. Bea está muy nerviosa porque sólo conseguirá clasificarse para el campeonato de Europa si ganan, es decir, si quedan primeros en el campeonato de España. El campeonato de España es dentro de 15 días y Bea está muy nerviosa porque es un concurso que dura dos semanas y se basa en reclutar a los mejores jinetes para ir al campeonato de Europa y después al campeonato del mundo.
Bea compite en salto de obstáculos en las pruebas de 1,50 metros y 1,60 metros. Finalmente llegó el día: el campeonato de España. Una semana antes del concurso tuvieron que trasladar a Relámpago a la hípica del concurso. A la una y media de la tarde era su prueba, pero ella estaba en el concurso desde las 7 de la mañana. Primero cepilló a Relámpago, lo trenzó y lo equipó. Dieron la una y ella ya se puso a entrenar en la pista de calentamiento.
En la pista de calentamiento tuvo una conversación muy interesante con su entrenador.
—José —dijo Bea acercándose a él—, ¿cuánto tiempo tengo que hacer para ganar?
Por suerte para ella era la última y se dio cuenta de que tenías que hacer un galope a la velocidad constante de 15 metros por segundo.
—Si tengo que hacer 15 metros por segundo y el recorrido es de 450 metros, ¿puedo calcular cuánto tiempo tengo que hacer con la fórmula tiempo = distancia ÷ velocidad? —preguntó Bea.
—Exacto —dijo José alegremente—. Entonces, con esos datos, tenemos que hacer 450 ÷ 15 = 30 segundos.
—Pero no podemos calcular el tiempo que tardó en saltar —dijo Bea.
—Claro —dijo José—, porque el salto que estás haciendo es un movimiento parabólico y para descubrirlo necesitas saber la altura del salto, pero también la velocidad vertical, y eso es un dato que no tenemos, porque en el concurso no lo proporciona.
—De acuerdo, entonces sin contar el tiempo del salto, para quedar primera necesito hacer 30 segundos en todo el recorrido.
Entonces llegó la prueba. Entró a pista y empezó a galopar a una velocidad constante de 15 metros por segundo. Cuando finalizó el recorrido, salió en la pantalla: Beatriz montando a Relámpago, primer puesto. La única clasificada para el campeonato de Europa. Salió de la pista casi llorando de alegría.
—José, todo ha sido gracias a ti. Si no hubiera utilizado la física, habría perdido —dijo Bea.
—¿Pero qué dices? Has montado tú, todo es mérito tuyo —respondió José.
—Encima, mientras montaba, me di cuenta de que estaba utilizando el movimiento rectilíneo uniforme, porque estuve en toda la prueba con una velocidad constante —dijo Bea.
Así, Bea consiguió clasificarse para el campeonato de Europa y se dio cuenta de que la física no solo se utiliza en clase.
Dentro de dos meses es el campeonato de Europa y, para poder ganar ¿tendrá que usar la física? Para saberlo necesitamos otra historia.
Beatriz siempre ha sido una chica ejemplar. Ha sacado muy buenas notas siempre. Es amable y encantadora.
En su cumpleaños número catorce, sus padres decidieron regalarle lo que más anhelaba, que era tener un caballo propio. Ese día para ella fue increíble. Primero, le vendaron los ojos para que todo fuera una sorpresa. La subieron al coche y se dirigieron a la hípica.
Cuando llegaron, el propietario de la misma decidió colaborar con los padres en la sorpresa. Por esa razón, los padres de Beatriz pudieron decorar toda la finca para su cumpleaños. Lo llenaron todo de guirnaldas, globos y muchos tipos de decoraciones.
Cuando le quitaron la venda de los ojos, se dio cuenta de que su madre estaba sosteniendo un ramal (la cuerda de una cabezada) de una cabezada que llegaba hasta la cabeza de un caballo precioso, negro como el betún y con los ojos verdes esmeralda, y se podía apreciar que estaba muy bien entrenado.
Ese caballo tenía un enorme lazo colgando del cuello y un cartel que ponía: “¿Quieres ser mi dueña, Bea?” Ella, tan emocionada, se puso a llorar de alegría, pensando en todas las velas de cumpleaños y cuántas pestañas había soplado para que llegara ese día.
Ella decidió ponerle de nombre a ese majestuoso caballo: Relámpago. Desde ese día, ellos han sido inseparables.
Bea va a entrenar todos los días, menos los lunes, porque todos los martes tiene exámenes y ella sabe que los estudios tienen prioridad. Su entrenador se llama José. Es encantador y muy inteligente. Siempre se han llevado bien, y cuando Bea tiene alguna urgencia o, por alguna razón, no puede ir a montar, lo monta José.
Relámpago y Bea van de competición cada dos semanas. Bea está muy nerviosa porque sólo conseguirá clasificarse para el campeonato de Europa si ganan, es decir, si quedan primeros en el campeonato de España. El campeonato de España es dentro de 15 días y Bea está muy nerviosa porque es un concurso que dura dos semanas y se basa en reclutar a los mejores jinetes para ir al campeonato de Europa y después al campeonato del mundo.
Bea compite en salto de obstáculos en las pruebas de 1,50 metros y 1,60 metros. Finalmente llegó el día: el campeonato de España. Una semana antes del concurso tuvieron que trasladar a Relámpago a la hípica del concurso. A la una y media de la tarde era su prueba, pero ella estaba en el concurso desde las 7 de la mañana. Primero cepilló a Relámpago, lo trenzó y lo equipó. Dieron la una y ella ya se puso a entrenar en la pista de calentamiento.
En la pista de calentamiento tuvo una conversación muy interesante con su entrenador.
—José —dijo Bea acercándose a él—, ¿cuánto tiempo tengo que hacer para ganar?
Por suerte para ella era la última y se dio cuenta de que tenías que hacer un galope a la velocidad constante de 15 metros por segundo.
—Si tengo que hacer 15 metros por segundo y el recorrido es de 450 metros, ¿puedo calcular cuánto tiempo tengo que hacer con la fórmula tiempo = distancia ÷ velocidad? —preguntó Bea.
—Exacto —dijo José alegremente—. Entonces, con esos datos, tenemos que hacer 450 ÷ 15 = 30 segundos.
—Pero no podemos calcular el tiempo que tardó en saltar —dijo Bea.
—Claro —dijo José—, porque el salto que estás haciendo es un movimiento parabólico y para descubrirlo necesitas saber la altura del salto, pero también la velocidad vertical, y eso es un dato que no tenemos, porque en el concurso no lo proporciona.
—De acuerdo, entonces sin contar el tiempo del salto, para quedar primera necesito hacer 30 segundos en todo el recorrido.
Entonces llegó la prueba. Entró a pista y empezó a galopar a una velocidad constante de 15 metros por segundo. Cuando finalizó el recorrido, salió en la pantalla: Beatriz montando a Relámpago, primer puesto. La única clasificada para el campeonato de Europa. Salió de la pista casi llorando de alegría.
—José, todo ha sido gracias a ti. Si no hubiera utilizado la física, habría perdido —dijo Bea.
—¿Pero qué dices? Has montado tú, todo es mérito tuyo —respondió José.
—Encima, mientras montaba, me di cuenta de que estaba utilizando el movimiento rectilíneo uniforme, porque estuve en toda la prueba con una velocidad constante —dijo Bea.
Así, Bea consiguió clasificarse para el campeonato de Europa y se dio cuenta de que la física no solo se utiliza en clase.
Dentro de dos meses es el campeonato de Europa y, para poder ganar ¿tendrá que usar la física? Para saberlo necesitamos otra historia.