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Encuentro en el bosque

Iris Sprim

Muna camina por el bosque. Es otoño y las hojas de los árboles se visten de mil colores: ocres, naranjas, marrones, ¡todo un espectáculo!
—¡Hormigas! Me encantan estos insectos tan ordenados: en fila y sin parar, en fila y sin parar…
La niña se agacha para verlas, pone un dedo al lado de una hilera y una de las hormigas sube por él. Muna la observa corretear alterada un momento y la deja de nuevo con sus amigas. Entonces otra cosa llama su atención:
—¡Ohh, una araña! —exclama mientras la ve trepar por un tronco con la coordinada elegancia de sus ocho largas patas.
Y sigue tan de cerca sus movimientos, que su nariz casi puede rozarla. La araña va hacia arriba y Muna se pone de puntillas. No quiere perderla de vista. Intenta subir ella también por el tronco, pero entonces su zapato resbala y se cae sentada en el suelo.
—¡Ay! —exclama acariciando su dolorido pie, que se ha quedado sin zapato.
—¡Ay!
Muna se sorprende. Mira a su alrededor, pero no ve nada. Busca su zapato, pero no lo encuentra. Sus ojos saltan de un lado a otro como en un partido de tenis.
—¡¡Ahí está!!
El zapato ha rodado un poco más allá y ha quedado camuflado entre la hojarasca del camino.
—¡Ay!, ¿qué va a ser de mí? —vuelve a escuchar cuando se acerca a su zapato.
—¿Quién habla? ¡Sal de tu escondite!
—¡Ay! Soy yo, Reinaldo Pelotero.
Entonces lo ve. Está justo en medio del camino del bosque, apoyado sobre una gran bola marrón, que le dobla en tamaño. Un hermoso escarabajo negro, redondo, brillante.
—¡Un escarabajo pelotero! —grita llena de emoción. Por un momento olvida su zapato.
—Una burla, eso soy yo. ¡Ay!
—¿Sabías que los escarabajos peloteros son capaces de levantar hasta mil veces su propio peso? ¡Qué fuerte! ¿Puedes hacerlo tú?
—¡Ay! ¡Ese es mi problema! Algo me ocurre, no puedo levantar peso, estoy débil. Llevo días atascado aquí, sin poder mover mi bola ni un milímetro.
Muna se fija en la esfera que hay detrás de Reinaldo. La admira con su boca abierta:
—¡Guaaaauuu!, increíble, ¡exactamente redonda!
—¡Sí, pero no consigo moverla! Perdí mi fuerza de repente, ya no valgo para hacer mi trabajo.
Entonces, Muna se acerca más y más a Reinaldo, que casi tiembla ante los ojos abiertos de la niña y la mueca triunfal de su boca, a la que le falta una de sus paletas.
—¡No te pasa nada! La bola está atrapada en una ramita pequeña. La quito, ¡ya está! ¡Prueba, prueba ahora! —lo anima a la vez que agita el pequeño palito en su mano.
Reinaldo, esperanzado, se coloca delante de su pelota. Estira y flexiona sus patitas varias veces. Respira hondo y apoya con toda su fuerza su cuerpo en la esfera. Empuja.
—¡Se mueve! —grita con alivio—. ¡Gracias! Oye, y tú ¿cómo sabes tanto de insectos?
—¡Sé muchas cosas sobre los insectos! De mayor quiero ser “enmotóloga”, ¿sabes?
—Querrás decir entomóloga— dice Reinaldo, puntilloso.
—Claro, “enmotóloga”. Estudiaré tooodoss los tipos de insectos y viajaré a muchos bosques y lugares del mundo. ¿Sabías que los escarabajos peloteros existen en todos los continentes?
—Por supuesto, tengo muchos parientes en todas partes, ¡hasta en Egipto! Allí mis primos son muy valorados, ¿sabes?
—¿Y es verdad que coméis estiércol? Puajjj.
—Bueno, no está tan mal, ¿sabes? Si lo probases, lo entenderías.
—¿En serio? —responde Muna arrugando su nariz—. No sé si me parece muy buena idea…
Reinaldo se vuelve a poner su atención en la enorme bola y empieza a empujar suavemente.
—Verás, me encantaría seguir charlando contigo, pero la verdad es que tengo algo de prisa. Llevo varios días de retraso para llevar esta pelota hasta mi casa.
—¡Ah, claro! ¿Y sueles venir mucho por esta parte del bosque? ¡A lo mejor nos volvemos a ver! —responde Muna esperanzada.
Con sus ojos de vista panorámica, el escarabajo se vuelve hacia Muna.
—A mí también me gustaría que nos volvamos a ver, a fin de cuentas, me has salvado de seguir atrapado entre la hojarasca.
—¡Sí! Puede decirse que somos amigos —celebra la niña.
—Nunca había tenido una amiga como tú. Sí, creo que podríamos volver a vernos. Siempre suelo volver por aquí, es un buen sitio para encontrar excrementos de vaca recién plantados en el camino, ¿sabes?
Muna lo mira con los ojos muy abiertos, antes de que ambos estallen a carcajadas.

Firmado: Iris Sprim