La caída de las respuestas
Remy Tadeo Paternoster Fargier
Todo empezó una mañana cálida de un lunes cualquiera…
En la clase de física, la profesora Elena colocó dos objetos sobre la mesa: una bola de metal y una pelota de goma.
—Hoy no voy a empezar con una explicación —dijo—.
Hoy empezaremos con una pregunta.
Los estudiantes se miraron entre ellos, intrigados por no saber a qué se refería su profesora de física.
¿Cuál de estos dos objetos creen que caerá primero si los suelto desde la misma altura?
Muchos levantaron la mano.
—La bola de metal, porque pesa más —dijo Marcos—.
—Yo creo que caerán al mismo tiempo —dijo Sofía.
La profesora sonrió y le dio un trago a su café.
—Perfecto, acabamos de crear nuestra pregunta de indagación: ¿La masa de un objeto afecta el tiempo que tarda en caer?
Subieron al pequeño balcón, desde donde se veía toda la ciudad y donde se encontraban varios telescopios que habían utilizado en días previos para mirar los astros.
Desde allí podrían dejar caer los objetos con suficiente altura para observar bien el resultado.
Lucas sostuvo la pelota de goma.
Sofía tenía la bola de metal.
—A la cuenta de tres —dijo la profesora—.
Uno… Dos… ¡Tres!
Soltaron ambos objetos.
Los estudiantes tenían los ojos clavados en las dos pelotas que relucían ante el abrasador día que estaba haciendo.
¡Clank! Los dos objetos tocaron el suelo al mismo tiempo.
—No puede ser —dijo Marcos.
Repitieron el experimento varias veces para asegurarse de que no habían cometido ningún error. El resultado fue el mismo.
Entonces la profesora explicó:
—En ausencia de resistencia del aire, todos los objetos caen con la misma aceleración gravitatoria.
Esto significa que la masa no cambia la rapidez con la que caen.
Lucas miró los objetos en el suelo y sonrió incrédulo.
Elena, la profe, los llamó adentro del laboratorio para recopilar los datos.
Les dio a cada uno unas hojas para recopilar los datos; tenían ahí el marco teórico, la pregunta de investigación, la tabla de variables, la hipótesis, las gráficas y la conclusión en blanco para rellenar.
(20 minutos de trabajo después)...
¿Cuál es nuestra hipótesis? —preguntó Elena.
Carlos levantó la mano y dijo:
—A mayor masa del objeto, mayor velocidad alcanzará y menor tiempo tardará en caer.
—Muy bien —dijo Elena—. ¿Alguien sabría decirme las variables y cómo medirlas?
Octavio se levantó y dijo que la variable independiente sería la masa del objeto y que la medirían con una báscula digital.
Flavia dijo que las variables dependientes eran el tiempo y la velocidad, y que los iban a medir con un cronómetro y con la fórmula de la velocidad, que era la distancia recorrida entre el tiempo invertido en recorrerla.
José Antonio dijo que la variable controlada, que era la que se mantenía constante durante todo el experimento, era la altura desde la que tiraban las pelotas y que la medirían con una cinta métrica.
Elena los felicitó a todos por el buen trabajo realizado en clase y su excelente comportamiento.
La física no siempre confirmaba lo que parecía lógico.
Pero justo ahí estaba lo interesante: hacer preguntas, investigar y comprobar las respuestas.
Y pensar que todo aquello había surgido de una simple pregunta.
En la clase de física, la profesora Elena colocó dos objetos sobre la mesa: una bola de metal y una pelota de goma.
—Hoy no voy a empezar con una explicación —dijo—.
Hoy empezaremos con una pregunta.
Los estudiantes se miraron entre ellos, intrigados por no saber a qué se refería su profesora de física.
¿Cuál de estos dos objetos creen que caerá primero si los suelto desde la misma altura?
Muchos levantaron la mano.
—La bola de metal, porque pesa más —dijo Marcos—.
—Yo creo que caerán al mismo tiempo —dijo Sofía.
La profesora sonrió y le dio un trago a su café.
—Perfecto, acabamos de crear nuestra pregunta de indagación: ¿La masa de un objeto afecta el tiempo que tarda en caer?
Subieron al pequeño balcón, desde donde se veía toda la ciudad y donde se encontraban varios telescopios que habían utilizado en días previos para mirar los astros.
Desde allí podrían dejar caer los objetos con suficiente altura para observar bien el resultado.
Lucas sostuvo la pelota de goma.
Sofía tenía la bola de metal.
—A la cuenta de tres —dijo la profesora—.
Uno… Dos… ¡Tres!
Soltaron ambos objetos.
Los estudiantes tenían los ojos clavados en las dos pelotas que relucían ante el abrasador día que estaba haciendo.
¡Clank! Los dos objetos tocaron el suelo al mismo tiempo.
—No puede ser —dijo Marcos.
Repitieron el experimento varias veces para asegurarse de que no habían cometido ningún error. El resultado fue el mismo.
Entonces la profesora explicó:
—En ausencia de resistencia del aire, todos los objetos caen con la misma aceleración gravitatoria.
Esto significa que la masa no cambia la rapidez con la que caen.
Lucas miró los objetos en el suelo y sonrió incrédulo.
Elena, la profe, los llamó adentro del laboratorio para recopilar los datos.
Les dio a cada uno unas hojas para recopilar los datos; tenían ahí el marco teórico, la pregunta de investigación, la tabla de variables, la hipótesis, las gráficas y la conclusión en blanco para rellenar.
(20 minutos de trabajo después)...
¿Cuál es nuestra hipótesis? —preguntó Elena.
Carlos levantó la mano y dijo:
—A mayor masa del objeto, mayor velocidad alcanzará y menor tiempo tardará en caer.
—Muy bien —dijo Elena—. ¿Alguien sabría decirme las variables y cómo medirlas?
Octavio se levantó y dijo que la variable independiente sería la masa del objeto y que la medirían con una báscula digital.
Flavia dijo que las variables dependientes eran el tiempo y la velocidad, y que los iban a medir con un cronómetro y con la fórmula de la velocidad, que era la distancia recorrida entre el tiempo invertido en recorrerla.
José Antonio dijo que la variable controlada, que era la que se mantenía constante durante todo el experimento, era la altura desde la que tiraban las pelotas y que la medirían con una cinta métrica.
Elena los felicitó a todos por el buen trabajo realizado en clase y su excelente comportamiento.
La física no siempre confirmaba lo que parecía lógico.
Pero justo ahí estaba lo interesante: hacer preguntas, investigar y comprobar las respuestas.
Y pensar que todo aquello había surgido de una simple pregunta.