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La cura

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Era un viernes del año 5467. El virus se había propagado y quedamos muy pocos en el mundo. Solo sobrevivían algunos científicos y cada vez era más difícil encontrar la cura. Al principio, éramos muchos más, pero con el paso de los años, el número fue disminuyendo. El virus había ido evolucionando y sobrevivir se volvió una lucha constante.
Cuando regresé a la base, todo estaba más triste de lo normal. Entonces me dieron la noticia: uno de nuestros científicos había sido infectado. Estábamos desapareciendo a pasos agigantados. Era muy difícil resistir, ya que el virus evoluciona sin parar. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido.
Ahora los únicos científicos que nos quedaban eran Louis Pasteur, Marie Curie, Edward Jenner y algunos más. Yo, junto con otros compañeros, éramos exploradores. Nuestra misión era proteger al grupo y recoger materiales para desarrollar la cura. Pero el virus también evoluciona, y cada vez era más difícil contrarrestarlo. Además, los recursos escaseaban.
Por suerte, algunos como yo éramos inmunes al virus, aunque no a las bestias que este había creado. Los animales habían mutado, volviéndose más agresivos y poderosos.
Pasaron los días hasta que uno de los científicos afirmó haber encontrado la clave de la cura. El problema era que se hallaba en el lugar más peligroso de la ciudad: “El Nido”. Lo llamábamos así porque cada ciudad tenía uno. Era como una torre de propagación del virus.
El científico aseguraba que un árbol mutante que vivía en el centro del Nido producía, en sus raíces, una sustancia capaz de formular el antídoto.
Los mejores exploradores, liderados por mí, nos preparamos para la misión más importante de nuestras vidas. Una misión que podría salvar a la humanidad. Tomamos armas, preparamos los vehículos y partimos.
Fue extraño. Esperábamos lo peor, pero el viaje resultó tranquilo.
Demasiado tranquilo.
El virus sabía que íbamos… y no lo iba a permitir. Cuando llegamos a la cueva del nido, plantas gigantescas y monstruos de cinco metros nos atacaron,todos empezamos a disparar, pero era muy difícil, nos atacaban continuamente y no era fácil matarlos, al final, pudimos con ellos, pero habían eliminado a la mayoría de exploradores.
Se decidió que seguiríamos adelante, pero a cada paso que dábamos, nos atacan cocodrilos mutantes gigantes con ocho patas, osos de 6 metros con siete ojos, hasta leones gigantes con dientes afilados como cuchillos, con cuarenta colas, o árboles vivientes, con raíces en llamas tan largas como un látigo, hasta que solo quedamos cinco exploradores.
No teníamos casi recursos, todos los coches estaban destruidos, no teníamos bombas y casi no nos quedaban balas, hasta que lo vimos, el árbol estaba encima de una gran colina, era el árbol de la cura.
Todos nos apresuramos a escalar, pero cuando empezamos a subir, un dragón verde y gigantesco, con ocho cuernos en la cara, alas enormes, y una boca llena de dientes afilados que escupía fuego, nos interrumpió, mis compañeros. empezaron a dispararle, cubriéndome, yo empecé a escalar todo lo rápido que pude, hasta llegar al árbol,cuando me di cuenta de que el dragón había matado a mis compañeros, cogí rápido una raíz y salí corriendo de allí.
ezclé unos productos para crear un humo, para que el dragón no me viera, corrí hasta el laboratorio, cuando llegue, le di la raíz al científico, rezando para que funcionara y fue entonces cuando apareció el dragón.
Le dije al doctor que se diera prisa y fui a distraer al dragón, cuando me vio, empecé a correr,encendiendo una bengala y empezando a saltar por encima de casas, el dragón emitió un gran rugido antes de salir disparado a por mí,y corrí todo lo que pude, fueron apareciendo todo tipo de monstruos,hasta apareció un dinosaurio, cuando llegué a un callejón sin salida, y todos los monstruos saltaron a por mí,y ni en ese momento, una luz iluminó el cielo y fue el ,momento, en cuanto lo supe, estábamos salvados, todos los animales se desmutaron, los humanos volvieron en sí, todo sí todo había acabado por fin.oh no.


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