Libreville, tenemos un problema
Ramón Peiró
A finales de los 90, mi compañero JP y yo estuvimos trabajando en los alrededores de las poblaciones de Lambarené y Kèlè (Gabón), realizando estudios de ingeniería geológica para la mejora de las carreteras de la zona, que en aquella época eran poco más que pistas de tierra.
En el mismo día de nuestra llegada a Libreville, tuvimos una reunión preliminar con los ingenieros que estaban directamente a cargo de la coordinación del proyecto y con los topógrafos. Estos últimos llevaban ya un tiempo sobre el terreno por lo que constituían el equipo que contaba con la mayor experiencia en la zona de los que allí estábamos, sentados cómodamente en el hall del hotel. Habíamos llegado minutos antes en un vuelo vía París y ni habíamos visto nuestras habitaciones. Ya estaba cercana la puesta de sol, así que procedimos a relatar a los ingenieros y topógrafos nuestros planes de actuación lo más rápidamente posible para seguidamente pegarnos una ducha y meternos en la cama o salir a explorar Libreville, no lo teníamos muy claro.
- Bien - dije - Mañana realizaremos un primer recorrido, veremos a grandes rasgos la geología de la zona y decidiremos donde recoger las muestras. Cuando esté lista la retroexcavadora ...
Uno de los ingenieros me interrumpió.
- ¿Retroexcavadora?
Normalmente, una primera recogida de muestras se realiza con retroexcavadora. En los puntos escogidos la retroexcavadora excava el terreno lo más profundamente que puede según la consistencia del terreno, hasta unos 4 metros, y se toman muestras y notas del perfil atravesado. Es algo rápido de hacer y aporta una información valiosa de forma muy barata. Calicatas las llamamos. Todos sabíamos eso. Por ello no podíamos entender las amplias sonrisas de los ingenieros y topógrafos.
- ¿Y de donde sacamos una retro? - insistió el ingeniero.
- Joder, no es una nave espacial. Nosotros acabamos de llegar - abundé en lo obvio - Vosotros lleváis tiempo aquí y conoceréis a alguien.
- Esto no es España. No hay retros en cientos de kilómetros. A pico y pala.
Habían contratado previamente una cuadrilla que abriría las calicatas que necesitásemos. Bueno, no del todo ya que con una retro puedes abrir una calicata de 3 m de profundidad en un par de minutos o, siendo cuidadoso y muy fino con las notas y muestras que tomas, en 10 o 15 minutos. Un par de tíos turnándose en la excavación a pico y pala de algo parecido podrían tardar, siendo optimistas, toda una mañana. La cuadrilla la constituían 12 hombres. Era evidente que el día del muestreo abriríamos a lo sumo 6 calicatas de una profundidad de metro y medio. La diferencia con las 10 a 15 de 3 metros planeadas era notable.
Al día siguiente recorrimos la carretera con el todo terreno del que disponíamos al que, viendo cómo se desarrollaban los hechos, bautizamos como
Apollo XIII, eligiendo los puntos de muestreo, tomando notas y fotos y tragando polvo. La carretera tenía serios problemas de erosión, y se producían enormes cárcavas de forma muy rápida en época de lluvias.
El día del muestreo repartimos a la cuadrilla en los diferentes puntos. El terreno era bastante firme y los peones sudaban lo que no hay escrito. Pero lo que no olvidaré nunca era la perfección y rectitud de las paredes de las calicatas. Cada vez que se turnaban, el que entraba de refresco usaba un machete para alisar las paredes, dando tajos perfectos, eliminando cualquier irregularidad que pudiese existir en la superficie. Una obra de arte.
Mientras se excavaban las calicatas, JP y yo nos dedicamos a recorrer la carretera visitando a las cuadrillas y tomando notas sobre estabilidades de taludes y cosas de esas que hacemos los geólogos que nos dedicamos a la ingeniería. Un aspecto fundamental de la información recogida
es la fotográfica. La foto debe incluir información sobre el tamaño de lo que se observa en ella, por lo que incluye siempre un objeto de tamaño conocido, como el boli o, de forma más usual, el martillo que siempre llevamos encima los geólogos.
Ya quedaba poca luz del día de mierda que habíamos pasado, sobre todo los integrantes de la cuadrilla, y estábamos tomando datos y fotos de un talud en las afueras de un poblado del que no recuerdo el nombre, cuando oímos una sonora carcajada de una mujer que pasaba andando por la carretera. JP
se volvió y le pregunto en francés sobre el motivo de su risa. Ella le respondió algo que no entendí. Al mirarme, JP me sonrió entre divertido y molesto.
- Dice - tradujo JP - que como somos tan tontos como para venir desde tan lejos a tirar fotos a un martillo.
Sin decir una palabra más cerramos los cuadernos, recogimos a los de la cuadrilla y nos fuimos al hotel a tomar unas cervezas. Con una vez que nos llamasen idiotas teníamos suficiente
En el mismo día de nuestra llegada a Libreville, tuvimos una reunión preliminar con los ingenieros que estaban directamente a cargo de la coordinación del proyecto y con los topógrafos. Estos últimos llevaban ya un tiempo sobre el terreno por lo que constituían el equipo que contaba con la mayor experiencia en la zona de los que allí estábamos, sentados cómodamente en el hall del hotel. Habíamos llegado minutos antes en un vuelo vía París y ni habíamos visto nuestras habitaciones. Ya estaba cercana la puesta de sol, así que procedimos a relatar a los ingenieros y topógrafos nuestros planes de actuación lo más rápidamente posible para seguidamente pegarnos una ducha y meternos en la cama o salir a explorar Libreville, no lo teníamos muy claro.
- Bien - dije - Mañana realizaremos un primer recorrido, veremos a grandes rasgos la geología de la zona y decidiremos donde recoger las muestras. Cuando esté lista la retroexcavadora ...
Uno de los ingenieros me interrumpió.
- ¿Retroexcavadora?
Normalmente, una primera recogida de muestras se realiza con retroexcavadora. En los puntos escogidos la retroexcavadora excava el terreno lo más profundamente que puede según la consistencia del terreno, hasta unos 4 metros, y se toman muestras y notas del perfil atravesado. Es algo rápido de hacer y aporta una información valiosa de forma muy barata. Calicatas las llamamos. Todos sabíamos eso. Por ello no podíamos entender las amplias sonrisas de los ingenieros y topógrafos.
- ¿Y de donde sacamos una retro? - insistió el ingeniero.
- Joder, no es una nave espacial. Nosotros acabamos de llegar - abundé en lo obvio - Vosotros lleváis tiempo aquí y conoceréis a alguien.
- Esto no es España. No hay retros en cientos de kilómetros. A pico y pala.
Habían contratado previamente una cuadrilla que abriría las calicatas que necesitásemos. Bueno, no del todo ya que con una retro puedes abrir una calicata de 3 m de profundidad en un par de minutos o, siendo cuidadoso y muy fino con las notas y muestras que tomas, en 10 o 15 minutos. Un par de tíos turnándose en la excavación a pico y pala de algo parecido podrían tardar, siendo optimistas, toda una mañana. La cuadrilla la constituían 12 hombres. Era evidente que el día del muestreo abriríamos a lo sumo 6 calicatas de una profundidad de metro y medio. La diferencia con las 10 a 15 de 3 metros planeadas era notable.
Al día siguiente recorrimos la carretera con el todo terreno del que disponíamos al que, viendo cómo se desarrollaban los hechos, bautizamos como
Apollo XIII, eligiendo los puntos de muestreo, tomando notas y fotos y tragando polvo. La carretera tenía serios problemas de erosión, y se producían enormes cárcavas de forma muy rápida en época de lluvias.
El día del muestreo repartimos a la cuadrilla en los diferentes puntos. El terreno era bastante firme y los peones sudaban lo que no hay escrito. Pero lo que no olvidaré nunca era la perfección y rectitud de las paredes de las calicatas. Cada vez que se turnaban, el que entraba de refresco usaba un machete para alisar las paredes, dando tajos perfectos, eliminando cualquier irregularidad que pudiese existir en la superficie. Una obra de arte.
Mientras se excavaban las calicatas, JP y yo nos dedicamos a recorrer la carretera visitando a las cuadrillas y tomando notas sobre estabilidades de taludes y cosas de esas que hacemos los geólogos que nos dedicamos a la ingeniería. Un aspecto fundamental de la información recogida
es la fotográfica. La foto debe incluir información sobre el tamaño de lo que se observa en ella, por lo que incluye siempre un objeto de tamaño conocido, como el boli o, de forma más usual, el martillo que siempre llevamos encima los geólogos.
Ya quedaba poca luz del día de mierda que habíamos pasado, sobre todo los integrantes de la cuadrilla, y estábamos tomando datos y fotos de un talud en las afueras de un poblado del que no recuerdo el nombre, cuando oímos una sonora carcajada de una mujer que pasaba andando por la carretera. JP
se volvió y le pregunto en francés sobre el motivo de su risa. Ella le respondió algo que no entendí. Al mirarme, JP me sonrió entre divertido y molesto.
- Dice - tradujo JP - que como somos tan tontos como para venir desde tan lejos a tirar fotos a un martillo.
Sin decir una palabra más cerramos los cuadernos, recogimos a los de la cuadrilla y nos fuimos al hotel a tomar unas cervezas. Con una vez que nos llamasen idiotas teníamos suficiente