Skip to main content

Un Sofía estupidó

R

Tras la caída del Gobierno Búlgaro por las constantes protestas ante la corrupción y querer un gobierno justo. Después de la derrota del ministro Rosen Zhelyazkov, y al ser ejecutado públicamente por las masas en su contra en vez de escoger un nuevo gobierno como habían implantado en un inicio, los ingenieros revolucionarios habrán decidido ser estúpidos. Otorgaron a la Inteligencia Artificial: SkippiNG 4.0. El mando de toda su estructura política, social y económica, ¡porque una mente humana no era lo suficientemente eficiente para tal tarea!



Esto, en su inicio me enfureció, imagínate ver a un viejo reposado en su hamaca mientras ve la televisión, y ve que su país de origen ha decidido implantar semejante solución. Tras que estoy siendo sarcástico, me parece completamente inaudito esta idiotez. No solo que suelta una vibra a insolente, sino que también a absurdo. Hasta hoy me cuestiono quién debió ser más idiota: yo al volver de nuevo a mi país con tal de vivir la experiencia nueva de un gobierno ‘’feliz’’... ¡O ellos!


Bueno... Recuerdos que quiero borrar no deben ser conservados, con suerte y con mis ahorros he vuelto a mis raíces, es mejor ello a que lo quede el Estado. Al poner un pie en Sofía, sentí como mi alma me abandonaba y el temor me acechaba... ¿Por qué? ¡Porque extrañamente me trataban bien! Jamás en mi vida he visto a esta gente tan amable, todo está limpio, todos están sonriendo tanto que aquella mueca que sueltan parece fingida, no por cortesía, si no por obligación. Me pareció tan ridículo, que le grité al encargado de llevar mi maleta que dejara de ser hipócrita y actuara normal.



En aquel momento se me quedó mirando horrorizado. Se acercó un holograma en mal estado, con la repetición predeterminada ‘’ ¡Trata bien a los encargados, le agradecemos su compresión!’’ Mientras sonaba un tema de centro comercial. Me quedé helado, al saber que una imagen completa de una persona en forma estática se me había acercado a pedirme ‘’comprensión’’. Seré vago en este ámbito, pero me pregunto si por lo menos sabían que significaba ser empático. Al salir del aeropuerto, mi primera impresión fue el hálito fuerte a deuda, suena extraño ¿No? Vi todo con estética a la de acuarios y a colores, el césped brillaba con un resplandor indiferente, las nubes parecían artificiales y parecía que estuviéramos encerrados en una burbuja metálica invisible. Mi segunda impresión fueron las personas, todas llevaban el mismo uniforme colorido y civilizado, sonriendo a más no poder, que daba miedo, respetando y paseando a sus perros altamente esclavizados, para parecer de competencia y demostrar una perfección del conciudadano, inexistente. Paseando me di cuenta de que los lugares que había visitado en tiempos, fueron altamente remodelados para seguir un patrón estético al estilo estado unidense.



Todo era igual. En Sofía, aunque la monotonía era sobria, acá se sentía espantosa. Muy forzada a ser como un estallido de dopamina al cerebro. Sin mucha relevancia, decidí ir a la catedral, donde antiguamente era el lugar más bonito para ir, antes de perder nuestra identidad soviética, sin parecer nostálgico, no era soviético. Al llegar, lo único que vi fue un mural gigante, donde reposaba una cara sonriendo, como dos puntos y paréntesis, me quedé sorprendido. No es que extrañara una estúpida catedral, si no que, en ese momento, me di cuenta de cómo esta región estaba poseída por la dominancia y la ignorancia. Al merodear en busca de respuestas, me encontré con un tocayo mío, Aleksander. Alguien que en su momento creía que estaba muerto por los comentarios de nuestro barrio, sentado, amargado.



Lo saludé, me saludó, silencio que describe nuestro disgusto. Dudé por un momento por qué regresé a Sofía, por nada. En fin, le pregunté qué había pasado y él me contestó que, gracias al nuevo sistema en las provincias, diecisiete de ellas habían sido dominadas por esa Inteligencia Artificial, el nuevo sistema político era absolutamente liberal, nadie pagaba nada porque todo era gratis, que todo era bienvenido. Y esa era la condición, antes de acabar acá, no sabía que degollaban públicamente a aquel que se opusieran a las reglas o a los tratos con las personas, algo así me dijo él, y también me pareció escuchar algo similar a la recepcionista.



Pero al ser nosotros gente mayor, está justificado tener pensamientos conservadores. Me pareció extremadamente cínico que alguien hubiera podido modificar eso, antes de que dijera una palabra, me calló al instante, exclamando que me podían oír y mi destino sería horrible. No supe qué decir, me sentía en una trampa. No entendí mi coherencia, estaba tomado con ginebra u martinis cuando tomé la decisión de venir a este horrible infierno, ni siquiera lo he vivido y ya sé que estoy muerto. ¡Pobre de mí!