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Fractales

Mardeunaflor

Soy un pequeño helecho creciendo en el lugar más escondido del bosque, soy un cúmulo a punto de llover, soy las afluencias de un río que se bifurcan, y se vuelven a unir como si nunca se hubieran separado, soy un copo de nieve en la primera nevada que vio ese niño y juró que era magia. Todos unidos pero todos separados.
Soy picos, soy valles, crestas, las que sigue un mochilero que cree que encontrará en el exilio, un respiro a aquello que nunca consiguió aceptar. Salgo por el mar, por las líneas de costa, en las olas y la espuma, en una caracola que encontró un cangrejo y convirtió en su hogar, en un fósil olvidado en el fondo del mar, que tal vez alguien un día encontrará y se lo dará a su hijo, que se lo dará a su nieto que nunca creyó en la guerra, pero su abuelo nunca llegó a conocer la paz.
Un copo de nieve, frío, una flor alimentada por el sol, sin embargo, soy los dos. Soy crecimiento, soy turbulencia.
Soy un patrón, pero soy fragmentación. ¿Y cómo puede ser posible que aquello que debería unirnos nos separa? Si ese abuelo que solo conoció la guerra vio la nieve por primera vez y creyó que era magia, y creyó que existiría la paz pero se olvidó de ello, pero no se olvidó de darle ese fósil a su hijo, ya no podía enseñarle la inocencia, solo la fuerza, no era capaz de recordar la magia. Su hijo no la conoció, pero su nieto salió del patrón, y volvió a llevar la magia al mundo, como nunca supo que su abuelo soñó. Tal vez en otra vida su padre habría podido ver más allá de la fragmentación, al final cualquier fragmentación es una posibilidad de unión.
Pero el nieto lo ve, ve la unión, en las galaxias que le hicieron soñar, en los ojos de los insectos que un día temió, en la esperanza de un mundo mejor.