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Recuerdos S.A.

Helena

La sopa era insípida. Siempre le faltaba sal. María la dejo a un lado y comenzó a comerse su yogurt de fresa. Aunque no sabía a fresa, no idetificaba el sabor pero le disgustaba.
- ¿Quieres de mi quiche, Mary? –le ofreció Lydia mientras aprovechaba para enseñar sus grandes dotes culinarios.
María negó con la cabeza. Se había propuesto ser autosuficiente, nada de pedir comida, prefería comer su yogurt de fresa.
- Te puedo pasar el recuerdo de cuando lo cociné, a ver si te ayuda. Yo aprendí a cocinar con los recuerdos de mi madre eh.
- Pásamelo a mí también Lydia -pidió Carmen-. Es que amo tu quiche.
Las chicas comenzaron a hablar sobre recetas y María acabó su yogurt. Ese sabor horrible de fresa sintética sería el único recuerdo que conservaría en una hora.

En la clase de literatura avanzada, perdió el móvil. No estaba ni en su bolso ni en la cajonera. Tampoco los recuerdos de sus amigas ayudaban a localizarlo.
A los diez minutos, alguien reinició el móvil y María perdió sus recuerdos. No sabía ni como se llamaba, suponía que María porque se lo había dicho la enfermera de la universidad.
- Te desmayaste, Lydia te trajo hasta aquí.
- ¿Lydia?
La enfermera asintió preocupada.
- ¿Te suena los recuerdos al alcance de tu mano, María?
María negó con la cabeza, lo que generó un suspiro en la enfermera. La enfermera sacó su móvil y puso un anuncio. Los colores histriónicos del video dificultaban la concentración, pero una pequeña nube de dibujos animados se encargaba de hablar con el espectador como si fuera un niño.
- Recuerdos S.A. presenta recuerdos al alcance de tu mano, donde todos los momentos de tu vida te esperarán en el móvil. Podrás ver cualquier instante de tu vida como si fuera una película y compartirlo con tus amigos. Solamente necesitas contratar el plan anual con o sin anuncios y cada noche conectar tu móvil al implante que pondremos en tu brazo…
María arremangó su jersey y en su brazo encontró un pequeño orificio en el que encajaría a la perfección un cargador. Asustada miró a la enfermera que acababa de parar el video.
- Si Lydia encuentra el móvil lo podréis llevar a la empresa y reparar tus recuerdos. Mientras puedes pedirle recuerdos a tu madre o a tu padre.
- No sé quienes son mis padres -apreció María.
La enfermera buscó en su ordenador el contacto de los padres de María, pero María huyó antes de que pudiera dárselo.

María buscaba un lugar tranquilo, pero el césped de la universidad era todo lo contrario a eso. Sus compañeros desconocidos bebían cerveza, gritaban e ¿intentaban besarla? Fue su presunto novio quien lo intentó. María intentó actuar con la máxima normalidad que podía imaginar. Por lo que acabó tomándose una cerveza con su novio, que le enseñaba los recuerdos de su viaje del fin de semana.
- Este es el perro de Alejandro, Rufus. Te lo mando, era tan suave
- ¿Y lo puedo acariciar? -preguntó María.
- No seas tonta, nadie acaricia en los recuerdos -respondió su novio-. Los ves y los disfrutas de nuevo.
- Y, ¿para qué sirve eso?
Su novio se encogió de hombros.
- No seas una hippie anti-recuerdos.
María bebió de su cerveza y siguieron viendo recuerdos. El de su primera cita fue entrañable, su novio le había añadido música. Se sentía falso y ella se veía diferente, sus labios eran más grandes y su pelo ligeramente más rubio. Por más veces que lo viera, no se reconocía.

Fingiendo una normalidad, rondó por la universidad buscando su próxima clase. El horario ponía que era morfología II, pero no había apuntado el aula. Tras buscarla y desesperarse cada vez que interrumpía una clase que no era la suya, acabó entrando a un aula vacía. Bueno, casi vacía, una chica estaba acabando unos ejercicios.
- Mary, tía, no te veía desde el año pasado .
- Se ha sentido más tiempo, creéme –dijo María agobiada, evitando mantener una conversación.
- Totalmente, he empezado informática, mates no me llegaba a convencer. Y, tú, ¿qué tal?
- No mucho -María se paró a pensar que podía decir-. He descubierto que odio el yogurt de fresa.
Admitir que odiaba el yogurt de fresa se sintió mucho más real que el recuerdo de su novio, pero María no quería pensar en ello y como la conversación derivó a porqué la chica había dejado la carrera pudo ignorarlo.
Lydia abrió la puerta de golpe, asustando a María. Tenía el móvil, medio roto, pero tenía el móvil.

La quiche era insípida. No debía de haber seguido bien la receta de Lydia. Seguramente le faltase sal.
María la dejó al lado y empezó a comerse su yogurt de fresa omitiendo su mal sabor. En los recuerdos el envase del yogurt de fresa quedaba precioso.